martes, 4 de agosto de 2026

Un poco de gris, por favor

https://www.guggenheim-venice.it/site/assets/files/3272/pollock_alchemy.1024x0.jpg 

Hace más años de los que me gustaría reconocer tuve la oportunidad de ver un cuadro de Jackson Pollock. Al verlo de lejos me pareció que solo se trataba de una superficie casi uniforme de un tono aproximadamente gris. Una de las personas que iba en el grupo, que tenía conocimientos de pintura, una cosa de la que yo carecía y sigo careciendo, nos hizo notar que, si observábamos el cuadro de cerca, nos daríamos cuenta de que, en realidad, no era una superficie gris, sino que se componía de una multitud de manchitas muy pequeñas (en comparación con el conjunto) de colores vivos. Me sentí algo impresionado, al mismo tiempo gratamente engañado, y reconocí la genialidad de la idea. Una cosa que puede parecer muy variada y colorida en detalle, con una visión global aparece uniforme y, por qué no decirlo, tremendamente insulsa.


Mucho tiempo después, nos encontramos en la época actual, una época de redes sociales y exhibicionismo ad nauseam, en una situación que me recuerda a aquella experiencia. No es que lo haya descubierto hace poco, sino que hace ya una larga, larga temporada, estoy observando en lo que se ha convertido la sociedad en la que me encuentro sumergido y, probablemente, tú también, si es que alguien llega a leer esto.
 

Si miras alrededor y observas atentamente, verás que la persona media que te rodea está sumergida en una obsesión por destacar por encima de los demás, pero de una forma que hace que se camufle en lo que resulta ser la tendencia general de cualquier ciudadano enrollado que se precie. 
 

Cuando ven que alguien como yo se pone al alcance de su mirada, alguien que no sucumbe a los dictados de esa moda que te exige destacar de alguna manera por encima del entorno, sino que es un individuo gris, insulso, que no desea sobresalir de ninguna manera, te miran muy serios, aunque sin querer dejar que se note que te han detectado, y ponen una expresión ceñuda, casi agresiva, sin decir nada. Pero a mí me parece notar que se sienten superiores, porque se ven mejores, por encima de ese tipo extraño, casi alienígena. Y, llámame paranoico, muestran  a su vez un disimulado indicio de desconfianza. Es como si no se fiaran de alguien que no se une a la tendencia que todos siguen. ¿Qué pretende este tipo raro? ¿Es que se cree mejor que los demás?
 

Por supuesto, lo que piensan es todo lo contrario de lo que ocurre. En un intento de no llamar la atención, el individuo gris (eso sí, de un gris auténtico), se hace notar inintencionadamente en medio de los que desean destacar con sus colores llamativos, con su “cosa” diferente de los demás, mejor que los demás, con sus conocimientos universales de cuñado, y que en conjunto los convierte en una masa informe que resulta en algo amorfo y sin sabor.
 

Y parece que te quieren gritar a coro: “¡No seas borrego y únete al rebaño!

sábado, 5 de junio de 2021

El Objetivo

 

Os invito a leer mi novela El Objetivo, disponible en el siguiente enlace:

http://unanovelaelobjetivo.blogspot.com/

 

No seáis demasiado críticos, uno hace lo que puede…

sábado, 20 de marzo de 2021

No es broma

 Mi vida es un disparate de tales proporciones, que soñé que me daban un alucinógeno y me desperté.

domingo, 6 de octubre de 2019

Un toque de humildad

Sean cuales sean tus convicciones de cualquier tipo, seguramente serán completamente erroneas. Claro, que también puedo estar equivocado.

viernes, 22 de enero de 2016

miércoles, 29 de julio de 2015

lunes, 27 de julio de 2015

Y ¿Por qué Sísifo?










Y, ¿por qué no?

No, esa no es una repuesta educada, y menos cuando esto es una suerte de monólogo. Mis disculpas a un prácticamente inexistente público, pero no por ello menos importante y merecedor de respeto (aunque todo sea dicho, muy aburrido tienes que estar para perder tu valioso tiempo leyendo esto. Tú verás…).

Pues creo que en el primer lugar, hace mucho, mucho tiempo, cuando oí por primera vez la historia de este personaje, me llamó la atención el puteo a que se le sometía a este tipo por parte de los dioses. Me pareció que los dioses del Olimpo tenían muy mala leche, pero me pareció que los castigos para los malotes  eran más ingeniosos que en mi cultura, con todo eso del fuego y el azufre y demás.


Con el paso de los años uno se establece en la rutina particular de su vida y te encuentras con esas situaciones recurrentes de las que parece imposible escapar y uno vuelve a recordar las penalidades del bueno de Sísifo y, de una manera u otra, te sientes algo identificado con el personaje. Bueno… identificado de lejos, ya que no aspiro ni por asomo al ingenio y la caradura de todo un rey de Corinto que se atreve a desafiar a estos dioses no tan omnipotentes como los de otras culturas, pero, como acabo de decir, con una mala leche y un sentido de… ¿de que?, Justicia no, más bien rencor, venganza o más bien un intento de escarmiento como un aviso a navegantes que se dice. Y un humor… bueno, humor negro tal vez.

Pero no se trata solo de eso, no es solo admirar a un personaje y decir: ¡olé tus huevos, Sis! ¡Con lo de encadenar a Tánato sí que la has liado bien! No, más bien es el llegar a asumir tus propias experiencias encabronantes con una filosofía de vida al estilo japonés, un Shikata Ga Nai, o como decimos en España, es lo que hay…. Y te ves como un ratón en la noria dando vueltas y vueltas, una y otra vez, como dije, sin llegar nunca a ninguna parte. Y no importa el esfuerzo que hagas para que todo cambie, porque parece una inevitabilidad cósmica que vuelvas a la casilla de salida. Es más, con el tiempo aprendes que cuanto más te opongas a la corriente, más rápido vas a volver a caer en tu pequeña desgracia particular.

Y con el tiempo aprendes que lo mejor es tomar aire, bajar la cabeza y empezar de nuevo sin darle mayor importancia, que cuanto más te alteres, peor es lo que te espera.


Llámame cobarde, llámame conformista, que ya te tocará el turno de darte cuenta de que si hay algo en el Universo que impera sobre lo demás es la inercia y no es posible alterar el estado de una roca que te sobrepasa en energía (potencial o cinética) usando solo las manos desnudas.