miércoles, 29 de julio de 2015

lunes, 27 de julio de 2015

Y ¿Por qué Sísifo?










Y, ¿por qué no?

No, esa no es una repuesta educada, y menos cuando esto es una suerte de monólogo. Mis disculpas a un prácticamente inexistente público, pero no por ello menos importante y merecedor de respeto (aunque todo sea dicho, muy aburrido tienes que estar para perder tu valioso tiempo leyendo esto. Tú verás…).

Pues creo que en el primer lugar, hace mucho, mucho tiempo, cuando oí por primera vez la historia de este personaje, me llamó la atención el puteo a que se le sometía a este tipo por parte de los dioses. Me pareció que los dioses del Olimpo tenían muy mala leche, pero me pareció que los castigos para los malotes  eran más ingeniosos que en mi cultura, con todo eso del fuego y el azufre y demás.


Con el paso de los años uno se establece en la rutina particular de su vida y te encuentras con esas situaciones recurrentes de las que parece imposible escapar y uno vuelve a recordar las penalidades del bueno de Sísifo y, de una manera u otra, te sientes algo identificado con el personaje. Bueno… identificado de lejos, ya que no aspiro ni por asomo al ingenio y la caradura de todo un rey de Corinto que se atreve a desafiar a estos dioses no tan omnipotentes como los de otras culturas, pero, como acabo de decir, con una mala leche y un sentido de… ¿de que?, Justicia no, más bien rencor, venganza o más bien un intento de escarmiento como un aviso a navegantes que se dice. Y un humor… bueno, humor negro tal vez.

Pero no se trata solo de eso, no es solo admirar a un personaje y decir: ¡olé tus huevos, Sis! ¡Con lo de encadenar a Tánato sí que la has liado bien! No, más bien es el llegar a asumir tus propias experiencias encabronantes con una filosofía de vida al estilo japonés, un Shikata Ga Nai, o como decimos en España, es lo que hay…. Y te ves como un ratón en la noria dando vueltas y vueltas, una y otra vez, como dije, sin llegar nunca a ninguna parte. Y no importa el esfuerzo que hagas para que todo cambie, porque parece una inevitabilidad cósmica que vuelvas a la casilla de salida. Es más, con el tiempo aprendes que cuanto más te opongas a la corriente, más rápido vas a volver a caer en tu pequeña desgracia particular.

Y con el tiempo aprendes que lo mejor es tomar aire, bajar la cabeza y empezar de nuevo sin darle mayor importancia, que cuanto más te alteres, peor es lo que te espera.


Llámame cobarde, llámame conformista, que ya te tocará el turno de darte cuenta de que si hay algo en el Universo que impera sobre lo demás es la inercia y no es posible alterar el estado de una roca que te sobrepasa en energía (potencial o cinética) usando solo las manos desnudas.

domingo, 10 de mayo de 2015

Mi peor enemigo



Tengo que reconocer que con frecuencia tengo miedo de algunas cosas. No es que yo sea alguien esencialmente miedoso, lo dejaría en algo inseguro, pero no más allá. Sin embargo hay algo, mejor dicho alguien, que me acojona: mi peor enemigo.


Es un tipo que no me saco de encima y que cuando me mira me hace cambiar de semblante. Puedo ir por ahí tranquilamente riendo con cara de estúpido (bastante habitual en mí), cuando de pronto me doy de narices con él y me lanza una mirada de desprecio y siento que mis intestinos se contraen y la expresión se me vuelve amarga. A veces ni me hace falta verlo, siento ese odio frío que me eriza los pelos del cuello, simplemente con hacerme consciente de su presencia, esa presencia constante e inevitable.


Puede que el sentimiento sea mutuo, pero su intimidación me produce una sensación de inferioridad total que impide ni por asomo que alguna vez me ponga gallito y le devuelva la moneda.

Cuando estoy contento me amarga el día, cuando me vengo arriba me pone la zancadilla, cuando creo disfrutar una pequeña victoria me deja en ridículo y cuando quiero pasar desapercibido me delata.


Dicen que Gianni Versace (y no es que yo lo considere un gran filósofo) decía que para que los demás te quieran primero tienes que quererte a ti mismo. Tal vez ese es mi problema, que no me quiero a mí mismo…


jueves, 12 de marzo de 2015

Dicen... (3)

Dicen que El Hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

 Yo debo ser un superhombre...

lunes, 5 de enero de 2015

Dicen... (2)

Hace poco he leído que decía Einstein que para comprender una cosa tenía que dibujarla primero. Creo que a mí me pasa algo parecido. El problema es que yo no sé dibujar.

sábado, 25 de octubre de 2014

Un cuento: La verruga


Era la mujer más hermosa que había visto en su vida. Desde que la conoció se había sentido locamente enamorado de ella. No era para menos, ya que su belleza no tenía igual; cualquier hombre la hubiera deseado para él..., si no hubiera sido por un pequeño detalle que suponía la infelicidad de ella y el instintivo rechazo de todos los hombres que ella conocía. Bueno, para ser más exactos, el detalle no era tan pequeño, más bien era enorme. En el medio de su perfecta nariz se encontraba una inmensa y horripilante verruga.

    Todos sus familiares, amigos y conocidos, viendo el amargor que ella sentía ante su defecto físico, le habían sugerido innumerables veces que se operara y le extirparan de una vez y para siempre el objeto de su infelicidad. Pero ella, nadie sabía por qué, se negaba obstinadamente a ello, aunque le supusiera el que ningún hombre quisiera mirarle a la cara durante más tiempo que unos pocos segundos, antes de apartar la mirada sin poder evitar un rictus de aversión.

    Sin embargo a él no le importaba; él ignoraba su defecto, hasta tal punto que, cuando la miraba, llegaba a imaginarla sin la verruga, con tanta intensidad, que la veía sin ella.

    Tardó muchísimo tiempo en declararle su amor, dada su timidez, pero conforme iba pasando el tiempo ella iba siendo más y más bella, aunque por otro lado la verruga era más y más espantosa, tal vez por encontrarse en medio de tanta belleza. Así que un día, reuniendo todo el valor que pudo, e incluso algo más que no tenía, se lanzó a decirle cuánto la quería. Al principio ella se sintió aturdida puesto que nadie se había atrevido nunca a hablarle de esa manera y estuvo a punto inicialmente de decirle que no; pero pensando que había sido el único capaz de quererla a pesar de su defecto y que podía ser que él se volviera atrás y nadie le volviera a hacer una proposición semejante, se decidió a aceptarle como novio.

    Durante el tiempo que siguió nadie les dijo nada a ellos, pero las reacciones se desencadenaron; entre los amigos y conocidos de ambos no se hablaba de otro tema y, cuando se besaban en público, todos se preguntaban cómo podía él ignorar la esperpéntica malformación de su amada. Pero él no la veía...

    Ya habían fijado el día de su boda, cuando un día ella dijo por fin que pasaría por el quirófano y se quitaría la verruga, para estar perfecta el día de su boda. Todo el mundo se hizo lenguas sobre el asunto; todos se alegraron de que ella eliminara aquello tan horrible y que se pudiera contemplar todo el esplendor de su hermosura sin que nada lo afeara. Bueno, no todo el mundo se alegraba, ya que muchos hombres que la habían conocido y no habían querido pasar por alto su defecto, se tiraban de los pelos ante la idea de que estaría tan guapa sin que ya pudieran pretenderla. Ella admitió de hecho que no había querido operarse antes puesto que quería que quien se casase con ella la quisiera, aunque fuera con la lacra de algo tan espantoso en el medio de su cara. Pero cuando él conoció la noticia algo, no sabía qué, le hizo revolverse inquieto.

    Pasó la operación con éxito y, por expreso deseo de ella, no se volvieron a ver hasta que hubieran pasado todas las curas y su cara se viera absolutamente perfecta. Cuando por fín llegó el momento de volverse a ver, que fue precisamente el día anterior a la boda, él se sentía muy nervioso; más que nervioso, sentía miedo. Pero ella se presentó ante él perfecta, más bella que nunca y él, aliviado,se sintió feliz, más feliz de lo que nunca se habia sentido en toda su vida. Se dirigieron el uno hacia el otro y se fueron a besar. Pero en el momento que sus labios se juntaron, apareció ante los ojos de él una imagen que le erizó los cabellos. Se separó inmediatamente de ella, con violencia, se restregó los ojos incrédulo,pero cuando la volvió a mirar volvió a ver una horrible e inexistente verruga. No hizo caso de cuanto ella le preguntaba, extrañada ante su inexplicable reacción. Él sólo huía de sus brazos y, cuando se vio acorralado entre ella y la pared, cerró los ojos pero siguió viendo la verruga, más espantosa que nunca. No podía casarse.

jueves, 9 de octubre de 2014

Pues también podría haber sido éste...


https://home.ku.edu.tr/ffisunoglu/public_html/coyote/wile-coyote-wallpaper.jpg
Hay veces que parece que los dioses disfrutan estirando sádicamente el sufrimiento de los mortales. Siempre he tenido la sensación de que disfruto (es un decir) de una especie de potencial para acercarme a mis objetivos todo lo que quiera sin llegar nunca a conseguirlos del todo, algo así como un acercamiento asintótico. Pero eso no es lo peor de todo. Lo que más me revienta es cuando he estado persiguiendo algo durante mucho tiempo (y a veces mucho significa mucho, mucho, mucho…) y tras un esfuerzo tan grande al final consigo llegar a ese objetivo, me siento vacío. Una sensación de anticlímax me invade y me identifico como el Coyote que se queda suspendido en el aire durante unos segundos antes de caer a ese abismo sin fondo. Bueno, no sin fondo, porque al final siempre se ve esa nubecilla de polvo a lo lejos señal del batacazo (claro, si no, no tendría gracia ¿verdad?).